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Movimiento de Artes y Oficios

La calidad del diseño editorial, especialmente en la producción de libros, fue descendiendo desde mediados de siglo hasta alcanzar en su último tercio alarmantes cotas de vulgaridad recayendo las principales causas de esta crisis en la negligencia del dibujo, composición y diseño de los tipos, en la mala calidad de los papeles, en lo pretencioso y vacuo de la ornamentación y en los imperfectos procedimientos de reproducción fotomecánica.

Entusiastas del gótico y de la naturaleza propagaron su ascético ideario desde plataformas bien distintas. Ruskin, espiritual, teórico y de un socialismo crítico pasivo, predicaba, además, la unidad de las artes y el revisionismo social, influyendo decisivamente desde sus líricos textos. William Morris le dedicó permanente atención al diseño gráfico, en especial al diseño tipográfico y al aspecto visual del libro como objeto. También se dedicó a la militancia política y a salvaguardar el patrimonio arquitectónico. Su camarada ideológico walter crane, notabilísimo ilustrador que jugó un papel pionero fundamental en el desarrollo del art noveau.

Del libro que escribió Morris, emana un socialismo utópico de raíz marxista, que la crítica especializada en diseño y arquitectura ha preferido reducir a niveles anecdóticos, en beneficio de la exaltación de su propia imagen de revolucionario en la relación arte – industria. Morris teme seriamente quela tosquedad de las impresiones lleve consigo el desprecio colectivo del lector ante productos tan desgastados estéticamente y en consecuencia augura la desaparición de la lectura. No era tanto el horror a la máquina lo que prevaleció en la actitud de Morris, sino más bien el mal uso que de ella se hacía. El contexto social y económico de la Inglaterra victoriana resultó en la paradoja de que los productos de diseño fabricados por Morris y sus socios fueran demasiado caros para ser populares contraviniendo la idea moral de sus promotores.

Se empeñaron en producir libros que constituyeran un placer para la vista, al contemplarlos como piezas de tipografía y composición de tipos. Debido a esto prestaban atención al papel, la forma del tipo, el pertinente espaciado de las letras y palabras y los márgenes. Se atendía la legibilidad del tipo antes de perderse en veleidades pseudo formales. Su lección verdaderamente magistral consistió en la distribución de la mancha impresa sobre la página en blanco. Se considera la página impresa como un elemento integrado a una superestructura a la que debe obediencia y armonía. La mínima expresión de la compleja estructura secuencial que en su aspecto visual es el libro, se aprecia al contemplar dos páginas encaradas. El diseño de una página en relación a su contigua suscitó en Morris una serie de reflexiones sobre la unidad, la simetría y el orden compositivo. Una ironía final es que al tiempo que regresaba a los métodos de impresión del período incunable, Morris usaba iniciales, ribetes y ornamentos modulares, intercambiables y repetibles, con lo que aplicó en la página impresa un aspecto básico de la producción industrial.