La tipografía impresa permitió la producción económica y múltiple de la comunicación por medio del alfabeto. El conocimiento se propagó rápidamente y la capacidad de leer y escribir se incrementó. El surgimiento de una clase media culta y la rápida expansión de los estudiantes en las universidades había arrebatado al clero el monopolio de la alfabetización y creado un nuevo y vasto mercado para el material de lectura. La producción de libros manuscritos fue incapaz de satisfacer dicha demanda.
La fabricación de papel había completado su largo y lento viaje desde China, de manera que un insumo en grandes cantidades estaba disponible.
Sin embargo, la imprenta fue rechazada por los copistas, debido a la pérdida de su fuente de trabajo y por los nobles que veían al impreso como algo vulgar, igual a muchos otros y sin refinamiento.