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Futurismo

Fue un movimiento italiano y donde primero encontró expresión fue en la palabra. En algunos aspectos fue el movimiento más radical, que rechazó sonoramente todas las tradiciones, valores e instituciones de siempre respetados. Se escogió su propio nombre, al contrario de otros movimientos que recibieron su apodo de críticos hostiles, e hizo todo lo que estaba a su alcance por dar razón de sí mismo de una forma verbal elaborada; la moderna tradición de que los artistas publiquen manifiestos procede primordialmente de aquí.

Marinetti inventó el movimiento y publicó su primer manifiesto en la primera página de Le Figaro en 1909, la que le dio el tipo de repercusión que Marinetti andaba buscando. Más conciente que la mayoría de los escritores y artistas de que existía un mundo floreciente de poder tecnológico, quería que las artes demolieran el pasado y celebraran los deleites de la velocidad y la energía mecánica.

Los puntos de vista básicos del futurismo que se resumen en su insistencia en que el crecimiento de la tecnología y las innovaciones en la sociedad y el pensamiento que concurren con aquél precisaban expresión en formas de arte nuevas y atrevidas, no eran tan excepcionales pero nunca habían sido presentados con tanta vehemencia. Además, se trataba de un movimiento que anteponía la idea al estilo, desafiando a la sazón, no sólo los valores artísticos tradicionales, sino también las ambiciones estáticas de la mayor parte del arte de vanguardia.

Pintura Futurista

Boccioni, Russolo y Carrá en el Manifiesto de los Pintores Futuristas de 1910, exigían con firmeza un arte nuevo para un mundo nuevo y se oponían a cualquier apego a las artes del pasado. Las pinturas futuristas probaban y demostraban la posibilidad de usar el arte como medio para captar los aspectos tanto plásticos como no plásticos de un entorno que era reconocido más como dinámico que como estático.

“No queremos representar la impresión óptica o analítica, sino la experiencia psíquica y total.”  - Boccioni

Existen unas cuantas obras futuristas que para representar un movimiento específico convierten el área del cuadro en una sección aislada de lo que debe de dar la impresión de ser un movimiento continuo: la acción pasa a través de la pintura y no tiene centro.

En el Manifiesto Técnico de la Pintura Futurista, Boccioni afirma que “por medio de la persistencia de las imágenes en la retina, las cosas que están en movimiento se multiplican y resultan distorsionadas, sucediéndose unas a otras como vibraciones en el espacio a través del cual pasan.” Boccioni resaltó como fundamento esencial el sistema de división de colores que los neoimpresionistas habían desarrollado.

Boccioni era sin duda el artista más dotado de todos ellos, además del más imaginativo. Sus pinturas difieren mucho entre sí. Parecen dar expresión perfecta a los temas del futurismo: metrópolis, luz, energía, movimiento y ruidos mecánicos, búsqueda de placer en la ciudad, todo ello fundido en una experiencia plástica. En su tríptico Estados de Animo, fundió el interés de los futuristas por los trenes, muchedumbres, movimiento y sensaciones múltiples en una obra poética de notable fuerza épica.

Las pinturas de Balla y Severino demuestran su interés por los temas urbanos y preferentemente violentos, realizando también importantes experimentos con miras a pintar la luz eléctrica. También mencionaron la posibilidad de pintar mediante formas efímeras, como podría hacerse a base de focos y gas coloreado. La obra de Balla es más fácilmente proclive a la abstracción, una elevada proporción está dedicada a descubrir apreciaciones más o menos intuitivas del movimiento por medio de esquemas abstractos.

Escultura Futurista

Boccioni escribió el Manifiesto de la Escultura Futurista en 1912. “Deshagamos de todas ellas, y proclamemos la supresión absoluta y definitiva de la línea finita y de la estatua de forma cerrada, abramos el cuerpo en canal, incorporándole lo que le rodea.” (Boccioni) Con este objetivo debían incorporarse a la escultura todo género de materiales y menciona la posibilidad de incorporar motores para que las esculturas se muevan realmente.

Arquitectura Futurista

En 1914, Sant’Elia publica el Manifiesto de la Arquitectura Futurista. Presentó sus ideas que también se expresaron de manera más gráfica en un gran número de dibujos llenos de imaginación, parte de los cuales fueron expuestos bajo el título de La Nueva Ciudad. Con una visión que recuerda la ciencia ficción, propuso un nuevo tipo de metrópolis, proyectada sin volver la vista hacia los estilos históricos, antes bien en consonancia con los nuevos materiales y las invenciones estructurales de la ingeniería para responder a las nuevas concentraciones de población en una edad de transporte rápido. Su rechazo de las líneas horizontales y verticales, de las formas voluminosas y estáticas, y su reclamo de una arquitectura de hormigón armado, hierro, cristal, textiles y todos aquellos sustitutos de la madera, el ladrillo y la piedra que permitan mayor elasticidad y ligereza.