Filippo Brunelleschi (1377 – 1446)
Estuvo encargado de terminar la Catedral de Florencia. Los florentinos desearon que su catedral fuera coronada por una cúpula enorme. Decidió dejar a un lado el estilo tradicional, adoptando el programa de aquellos que añoraban un Renacimiento de la grandiosidad romana. Se trasladó a Roma y midió las ruinas de templos y palacios, tomando apuntes de sus formas y adornos. Lo que se propuso fue conseguir un nuevo modo de construcción, en el cual las formas de la arquitectura clásica se empleasen libremente con objeto de crear modalidades nuevas de belleza y armonía. Otra de sus obras es la Capilla Pazzi.
A él se debe también el invento de la perspectiva, que pudo nacer de su búsqueda de un método preciso para registrar el aspecto de las ruinas romanas sobre el papel, que consiste en las leyes matemáticas por las cuales los objetos disminuyen de tamaño a medida que se alejan del observador.
Una de las primeras pinturas ejecutadas en perspectiva es La Santísima Trinidad. Parece un agujero en el muro a través del cual se pudiera ver una capilla. Es un espacio profundo en el cual las figuras podrían moverse libremente si quisieran. Las líneas perpendiculares al plano del muro convergen en un punto situado debajo del pie de la cruz, a 1,5 metros sobre el pavimento de la Iglesia. Los donantes aparecen arrodillados fuera de la escena. Es una pintura sincera y emotiva. El ademán con el que la Virgen señala a Jesús es tan elocuente e impresionante porque es el único movimiento en el conjunto solemne de la pintura.
Rompió completamente con el pasado. Las estatuas góticas permanecen a los lados de los pórticos en hileras solemnes y apacibles como si fueran seres de otro mundo. El San Jorge de Donatello se mantiene con firmeza sobre el suelo con los pies clavados en tierra resueltamente, como dispuesto a no ceder un palmo. Su rostro no tiene nada de la vaga y serena belleza de los santos medievales, sino que es todo energía y concentración. Trata el cuerpo humano como una estructura articulada capacitada para el movimiento, y sus ropajes aparecen como un elemento independiente y secundario. Otra obra importante es el Gattamelata que fue proyectado única y exclusivamente para perpetuar la fama de un gran soldado. Donatello forjó una imagen en la que se conjugan completamente el ideal y la realidad; la armadura del general combina la construcción moderna con el detalle clásico; la cabeza resulta poderosamente individualizada y, no obstante, posee una nobleza de carácter auténticamente romano.

Más que cualquier otro artista de su época, Piero consideró la perspectiva científica como la base de su pintura; en un tratado rigurosamente matemático demostró como aplicarla a los cuerpos estereométricos y a las formas arquitectónicas, así como a la forma humana. Este enfoque matemático llena toda su obra. Cuando dibujaba una cabeza, un brazo o una pieza de indumentaria, los veía como variaciones o compuestos de esferas, cilindros, conos, cubos y pirámides. Sus figuras humanas tienen una austera grandiosidad, parecen pertenecer a una extinta raza heroica, robusta, bella y silente. Su vida interior la exteriorizan las miradas y los gestos. Tienen una gravedad física y emocional.
Sus cuerpos son delgados y están desprovistos de peso y de fuerza muscular, parecen flotar incluso cuando tocan el suelo. Los cuerpos por muy etéreos que sean, conservan su voluptuosidad: son genuinos desnudos que gozan de plena libertad de movimiento.
Boticelli, Fra Angelico y Gottili no rompen totalmente con el gótico, valoran la línea y sus figuras son más estilizadas.