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El renacimiento carolingio

Carlomagno (742 – 814) fomentó la renovación de la cultura y de las artes. Se intentó lograr uniformidad en la composición de las páginas, estilo de escritura y decoración. El alfabeto se reformó con éxito. Como modelo se tomó la escritura común del período tardío antiguo y se moldeó con un tipo de escritura ordenado y uniforme llamado carolingia minúscula. En ella se combinan ideas de la escritura cursiva romana con algunas innovaciones célticas. Los caracteres se escribían por separado y se reducía el número de ligaduras; el nuevo alfabeto aportó legibilidad.

En cuanto a las ilustraciones preferían las del tipo ventana panorámica, que a través de la utilización de un paisaje como fondo crea ilusión de espacio. Se inspiraron en la antigüedad clásica y en las obras bizantinas. La distribución de las figuras en varios planos denota la jerarquía de las escenas.