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Dadaísmo

Cuándo, dónde y quiénes: (1916 Suiza) – Zurich (1916), Nueva York (1917- 18), Berlín (20’s) Arf, Duchamp, Grosz, Ball, Picabia, Hausmann, Huelsenbeck, Heartfield, Janco, Herzfelde, Tzara, Höch

En 1916, Ball, un poeta y filósofo alemán, fundó el cabaret Voltaire donde se invitaba a los artistas y poetas jóvenes a que aportaran sus ideas y colaboraciones. En 1917 abrió la Galería Dadá y apareció la revista Dadá, organizada, editada y distribuida por Tzara.

El Manifiesto Dadá de 1918 de Tzara, manifiesto agresivo y nihilista, marca realmente el principio de una nueva fase Dadá. Fue el que se sedujo a Breton y se ganó la adhesión del grupo Littérature de París.

Si alguien lo considera inútil, si alguien no quiere perder tiempo por una palabra que no significa nada… No es posible construir la sensibilidad sobre una palabra… La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma porque la belleza ha muerto; ni alegre ni triste, ni clara ni oscura, no debe divertir ni maltratar a las personas individuales sirviéndoles pastiches de santas aureolas o los sudores de una carrera en arco a través de las atmósferas. Una obra de arte nunca es bella por decreto, objetivamente y para todos. Por ello, la crítica es inútil, no existe más que subjetivamente, sin el mínimo carácter de generalidad. ¿Hay quien crea haber encontrado la base psíquica común a toda la humanidad? (…) Así nació DADA, de una necesidad de independencia, de desconfianza hacia la comunidad. Los que están con nosotros conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Basta de academias cubistas y futuristas, laboratorios de ideas formales.

Dadá fue bautizado en Zurich, pero la velocidad con la que su nombre se propagó a otros países y grupos de personas después de la guerra indica que sus actitudes y actividades ya existían. Fue en su esencia un movimiento internacional que no se limitó a Europa. Dadá era un estado de ánimo pero la guerra añadió un nuevo argumento y apremio a la insatisfacción que ya sentían muchos artistas y poetas jóvenes.

La guerra es la agonía mortal de una sociedad basada en la codicia y el materialismo. “El dadaísta lucha contra la ebriedad y la agonía mortales de esta época.” (Ball) El arte estaba intrínsicamente ligado con el capitalismo burgués, “acaso es la finalidad del arte hacer dinero y halagar a los bonitos bonitos burgueses?” (Tzara) La rebelión de los dadaístas conllevaba un tipo complejo de ironía, pues ellos mismos dependían de la sociedad condenada y la destrucción de ésta y de su arte significaría, por tanto, la destrucción de ellos mismos como artistas. Así que, en cierto sentido, Dadá existía para destruirse a sí mismo.

Se pueden distinguir entre dos caracteres distintos dentro de Dadá. Por un lado estaban aquellos que, como Ball y Arp, estaban buscando un nuevo arte con el que sustituir un esteticismo gastado e irrelevante. Por otro lado, otros, como Tzara y Picabia, estaban empeñados en la destrucción por medio de la burla, dispuestos a explotar la ironía de su posición, burlándose del público en relación con su identidad social como artistas.

Con el descrédito de la obra de arte vino el cultivo del gesto. Dadá era una forma de vida. Sus exposiciones se hacían notar por una total incoherencia, un derroche de actividad, toda la cual estaba encaminada a provocar al público, destruyendo las nociones tradicionales de buen gusto, y a la liberación de las constricciones impuestas por la racionalidad y el materialismo. Picabia perfeccionó la presentación del objeto Dadá como gesto teatral La presentación de objetos no duraderos o claramente sin sentido era provocativa. No existe nada parecido a un estilo dadá.

Arp un día rompió en pedazos un dibujo y dejó que los pedazos cayeran formando una nueva composición; empezaba a permitir que el azar entrase en sus composiciones. También introdujo el azar en sus poemas. Tzará recomendaba como receta para un poema dadaísta, recortar frases de un periódico, agitarlas en una bolsa y extraerlas el azar. Consideraban al azar tan personal como la acción deliberada y conciente. Que el artista no era superior a la hora de crear constituía una de las preocupaciones fundamentales de Dadá: cualquiera puede hacer poesía y pintura.

Los dadaístas siguieron produciendo cosas, aún cuando éstas eran a menudo como caballos de troya, objetos antiarte, como por ejemplo los ready-made. “Un punto que quiero dejar muy claro es que la elección de estos ready-mades nunca estuvo dictada por una elección estética. La elección se basaba en una reacción de indiferencia plástica, acompañada al mismo tiempo, de una ausencia total de buen gusto o mal gusto, de hecho, una anestesia completa.” (Duchamp) El efecto que tiene un objeto expuesto que no es de buen ni de mal gusto desorienta al espectador. No representa nada.

Los ready-mades son objetos anónimos que el gesto gratuito del artista, por el solo hecho de escogerlos, convierte en obras de arte. Al mismo tiempo ese gesto, disuelve la noción de “objeto de arte”. La contradicción es la esencia del acto; es el equivalente plástico del juego de palabras: éste destruye el significado, aquél la idea de valor. Los ready-mades no son antiarte, como tantas creaciones modernas, sino a-rtísticos. Ni arte ni anti-arte sino algo que está entre ambos, indiferente, en una zona vacía. La abundancia de comentarios sobre su significación –algunos sin duda habrán hecho reir a Duchamp- revela que su interés no es plástico sino crítico o filosófico. Sería estúpido discutir acerca de su belleza o su fealdad tanto porque están más allá de belleza y fealdad como porque no son obras sino signos de interrogación o de negación frente a las obras. El ready-made no postula un valor nuevo: es un dardo contra lo que llamamos valioso. Es crítica activa: un puntapié contra la obra de arte sentada en su pedestal de adjetivos. - Octavio Paz

El público se ofendió cuando Duchamp le pintó un bigote a una reproducción de la Mona Lisa. Sin embargo este acto no fue un ataque a la Mona Lisa. Mas bien fue un ataque ingenioso a la tiranía de la tradición y a un público que había perdido el espíritu humanista del renacimiento.