Sus grandes principios eran identificables de inmediato: una disposición asimétrica y dinámica de elementos articulados por doquier, la explosión espacial de todos los rincones interiores en la mayor medida posible, la utilización de zonas rectangulares coloreadas y en bajorrelieves para estructurar y modular los espacios interiores y finalmente, claro está, la adopción del color primario con miras a hacer notar la acentuación, articulación, alejamiento, etc.
“La nueva arquitectura es anticúbica, es decir, no intenta congelar dentro de un cubo a las diferentes células funcionales del espacio. Antes bien dispersa centrífugamente, desde el núcleo del cubo, las células funcionales del espacio (así como los planos voladizos, volúmenes de balcones, etc.). Y valiéndose de ese medio altura, anchura, profundidad y tiempo (o sea, una imaginaria entidad tetradimensional) plantea una expresión plástica totalmente nueva en espacios abiertos. De este modo la arquitectura adquiere un aspecto más o menos flotante que, por así decirlo, opera contra las fuerzas gravitatorias de la naturaleza.” van Doesburg